NATANIA
Año: 2022 Área construida: 12.000 m2 Ubicación del proyecto: Mendoza, Argentina Programa / Uso: Arquitectura residencial - Vivienda colectiva - Créditos fotográficos: Luis Abba
El proyecto propone un edificio de vivienda colectiva de alta densidad destinado a un sector socioeconómico intermedio, partiendo de una premisa clara: jerarquizar la experiencia residencial no a través del aumento de superficie privada, sino mediante la calidad espacial y el valor de los espacios comunes. Frente a la lógica repetitiva habitual en este tipo de edificios, la estrategia central consiste en organizar el conjunto en torno a un gran vacío longitudinal que articula circulaciones, encuentros y usos colectivos. Este vacío funciona como un núcleo abierto que concentra las circulaciones verticales y horizontales mediante puentes, pasarelas y escaleras, transformando el desplazamiento cotidiano en una experiencia espacial. Más que un corredor funcional, el corazón del edificio se concibe como un espacio comunitario activo: un ámbito de reunión, permanencia y uso informal, con presencia de vegetación y áreas donde sentarse, jugar o simplemente habitar. Se trata de un plus poco frecuente en edificios de este segmento, que incorpora cualidades propias de escalas residenciales más altas. Desde el punto de vista funcional, la organización en torno al vacío permite liberar los perímetros para que los ambientes principales de las viviendas —estar, comedor y dormitorios principales— se orienten hacia el exterior, garantizando buenas condiciones de asoleamiento y vistas. Los dormitorios secundarios se vuelcan hacia el núcleo interior, beneficiándose de ventilación natural y luz indirecta, al tiempo que se resguardan visualmente mediante parasoles y elementos de control en las circulaciones. Esta disposición optimiza la relación entre privacidad, confort ambiental y vida colectiva. Las plantas revelan una lógica clara y repetitiva, donde la estructura ordena tanto las unidades como los espacios comunes, mientras que el corte evidencia la continuidad vertical del vacío central y su rol articulador a lo largo de todos los niveles. La llegada al edificio se produce a través de este espacio abierto, evitando núcleos cerrados y oscuros, y otorgando carácter y espacialidad al acceso. La materialidad refuerza esta estrategia desde un criterio de durabilidad y bajo mantenimiento. Se opta por hormigón visto, vidrio y chapa en balcones, materiales resistentes que envejecen con dignidad y requieren escasa intervención a lo largo del tiempo. Esta decisión responde a una lectura realista del ciclo de vida de los edificios de vivienda colectiva de gran escala, donde la falta de mantenimiento sostenido suele comprometer su calidad arquitectónica. Aquí, la materialidad busca garantizar permanencia, robustez y una imagen estable en el tiempo. El proyecto construye así una arquitectura sobria hacia el exterior, casi anónima, que concentra su riqueza en la organización espacial interna. La jerarquía no se expresa como gesto formal, sino como una cualidad vivida: un edificio donde el espacio común adquiere protagonismo y la vivienda de nivel medio se potencia a partir de lo compartido.





























